Mi página web—:
http://antipsiquiatria.org/—dejará de funcionar el 24 del presente mes.
No obstante, mudaré parte de los textos
a:
http://biopsiquiatria.wordpress.com/
http://antipsiquiatria.org/En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos.A Las Casas se le considera el paladín de la causa indígena frente a la corona española. Quienes reprueban la Conquista toman nota de la investigación conducida contra Antonio de Mendoza, el primer virrey de Nueva España, acusado de haber puesto en fila a unos indios en los combates de Mixtón para destrozarlos a fuego de cañón. De niño había llamado mi atención la ilustración, en un cómic mexicano, de unos indios atacados por los temibles perros que habían traído los españoles. Motolinía reportó que innumerables indios entraban sanos a las minas sólo para salir como cadáveres y despojos. El trabajo esclavo en las minas, nos dice el religioso franciscano en Historia de los indios de Nueva España, mataba a tantos que los pájaros que se alimentaban de la carroña humana “oscurecían los cielos”. Y no hablemos de la esclavización en las islas del Caribe con las que, originalmente, Las Casas tan íntimo contacto tuvo. En La Española (Santo Domingo), Cuba y otras islas la población nativa fue virtualmente exterminada, especialmente por las epidemias que trajeron los conquistadores. Estos hechos y muchos otros horrorizaron a Las Casas, y en su vastísimo corpus literario el infatigable fraile siempre intentó denunciar los excesos de la conquista española y portuguesa.


Alégrate hija mía, pues dentro de muy poco tiempo compartirás el lecho del emperador Motecuhzoma. Él dormirá contigo. ¡Sé dichosa!La india subía voluntariamente las escalinatas del templo, pero al llegar era decapitada por sorpresa. En sacrificios similares que se hacían puntualmente según la fiesta del calendario, las mujeres eran decapitadas, desolladas y su piel usada cual trofeo. Además de hombres, mujeres, niños y ocasionalmente viejos, los mexicas sacrificaban perros, coyotes, cérvidos, águilas y jaguares. El Códice Florentino nos informa que a veces subían al condenado amarrado por las cuatro extremidades, “significación que eran como ciervos”.
Y hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual se llamaba Tezcatepuca, y acompañándole, cuatro indios con mantas prietas [oscuras] muy largas, con capillas que quieren parecer a las que traen los dominicos o los canónigos. Y aquellos eran sacerdotes de aquel ídolo, que comúnmente en la Nueva España llamaban papas, como ya lo he memorado otra vez. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos, y los corazones y sangre ofrecidos [a] aquel maldito ídolo y no consentimos que tal sahumerio nos diesen; antes tuvimos gran lástima de ver muertos aquellos dos muchachos, y ver tan grandísima crueldad. Y el general preguntó al indio Francisco, por mí memorado y que trajimos del río Banderas, que parecía algo entendido, por qué hacía aquello: y esto se lo decía medio por señas, por que entonces no teníamos lengua [traductora] ninguna, como ya otra vez he dicho.Eran los tiempos anteriores a la expedición de Cortés. En la expedición de Grijalva, Bernal y sus camaradas habían sido los primeros europeos en percatarse de que más allá de Cuba y La Española no había más islas sino inmensas tierras. En la siguiente expedición, ya tierra adentro en el continente en lo que hoy es el estado de Veracruz, nos cuenta Bernal:
Dijo Pedro de Alvarado que habían hallado en todos los más de aquellos cuerpos muertos sin brazos y piernas, y que dijeron otros indios que los habían llevado [los brazos y piernas] para comer, de lo cual nuestros soldados se admiraron mucho de tan grandes crueldades. Y dejemos de hablar de tanto sacrificio, pues desde allí adelante en cada pueblo no hallábamos otra cosa.Demos también nosotros un salto hacia adelante en la ruta bernaldina a Tenochtitlan en que no hallaban otra cosa, incluyendo Tlaxcala. Al llegar a Cholula, ciudad religiosa de peregrinaje indio con una centena de templos y la más alta pirámide del imperio, dedicada a Quetzalcóatl, le dijeron a Cortés:
“Mira, Malinche [amo de Marina], que esta ciudad está de mala manera porque sabemos que esta noche han sacrificado a su ídolo, que es el de la guerra, siete personas, y los cinco de ellos son niños, para que les de victoria sobre vosotros”.Para los antiguos mesoamericanos todo se resolvía matando niños y adultos. Una vez que llegaron a la gran capital del imperio, y después de que Moctezuma y su séquito los condujeran en gran tour por la bella Tenochtitlan y de haber visto al impresionante Huichilobos a lo alto de la pirámide, Bernal nos cuenta:
Y un poco apartado del gran cú [pirámide] estaba otra torrecilla que también era casa de ídolos o puro infierno, porque tenía [en] una puerta una muy espantable boca de las que pintan que dicen que están en los infiernos con la boca abierta y grandes colmillos para tragar las ánimas; y asimismo estaban unos bultos de diablos y cuerpos de sierpes juntos a la puerta, y tenían un poco apartado un sacrificadero, y todo ello muy ensangrentado y negro de humo y costras de sangre, y tenían muchas ollas grandes y cántaros y tinajas dentro en la casa llenas de agua, que era allí donde cocinaban la carne de los tristes indios que sacrificaban y que comían los papas, porque también tenían [en] el sacrificadero muchos navajones y unos tajos de madera, como en los que cortan carne en las carnicerías. […] Yo siempre le llamaba a aquella casa el infierno.El testimonio de Bernal sobre la antropofagia es corroborado por Sahagún y Durán. Como vimos, ni Bartolomé de Las Casas lo desmentía. En Historia de Tlaxcala Diego Muñoz escribió:
Ansí había carnicerías públicas de carne humana, como si fueran de vaca y carnero como en día de hoy las hay.Y en el capítulo XXIV del texto del Conquistador Anónimo puede leerse que a todo lo largo de Mesoamérica los indígenas comían carne humana, la cual, agrega el cronista, les gustaba más que cualquier otra comida. Llama la atención que en esta ocasión los mexicanos no usaran chile, sólo sal: lo que parece sugerir, como han señalado los estudiosos, que la tenían por bocado precioso. La carne humana, que sabía como la de cerdo, no era asada sino que se servía en pozole. En Tenochtitlan los cadáveres eran llevados a los barrios y consumidos. (De igual modo, había pedacería de carne humana en los mercados de Batak en Sumatra antes de la conquista de los holandeses.) Quien había realizado la captura en la guerra era dueño del cadáver cuando éste llegaba a los escalones de la pirámide. Los ayudantes del sacerdote le daban al dueño una calabaza llena de la sangre caliente de la víctima, con la que hacía ofrendas a diversas estatuas. Se comía en la casa de quien realizaba la captura, pero según la etiqueta éste no podía unirse al banquete.

Nota: El libro completo puede leerse en mi página web, aquí.

Los suplicios. En el contexto de las violentas estimulaciones presacrificiales, creo que conviene dejar un lugar a la tortura, justamente porque sólo es practicada por los aztecas antes del sacrificio humano. La tortura no está obligatoriamente integrada al preludio sacrificial, pero puede ocurrir. El arrancar las uñas a los niños que debían ser sacrificados al dios de la lluvia es un buen ejemplo de tortura ritual. Las uñas pertenecían a Tláloc. Por medio de los sacrificios del mes atlcahualo los mexicanos rendían homenaje a los tláloques [servidores de Tláloc], y llamaban la lluvia; para que el rito fuera eficaz, convenía que los niños lloraran abundantemente en el momento del sacrificio.Después se les aplicaba una mascarilla de hule caliente y eran arrojados a una pila que hacía que el hule se endureciera y no los dejara respirar.

Y luego nuestro Cortés dijo a Montezuma, con doña Marina, la lengua: “Muy señor es vuestra merced, y de mucho más es merecedor; hemos holgado de ver vuestras ciudades; lo que os pido por merced, que pues que estamos aquí, en este vuestro templo, que nos mostréis vuestros dioses y teules”. Y Montezuma dijo que primero hablaría con sus grandes papas [sumos sacerdotes]. Y luego que con ellos hubo hablado dijo que entrásemos en una torrecilla y apartamiento a manera de sala, donde estaban dos como altares, con muy ricas tablazones encima del techo, y en cada altar estaban dos bultos, como de gigante, de muy altos cuerpos y muy gordos, y el primero, que estaba a mano derecha, decían que era el de Uichilobos, su dios de la guerra, y tenía la cara y rostro muy ancho y los ojos disformes y espantables; en todo el cuerpo tanta de la pedrería y oro y perlas y alfójar pegado con engrudo, que hacen en esta tierra unas como raíces, que todo el cuerpo y cabeza estaba lleno de ello, y ceñido el cuerpo unas a manera de grandes culebras hechas de oro y pedrería, y en una mano tenía un arco y en otra unas flechas. Y otro ídolo pequeño que allí junto a él estaba, que decían que era su paje, le tenía una lanza no larga y una rodela muy rica de oro y pedrería; y tenía puestos al cuello el Uichilobos unas caras de indios y otros como corazones de los mismos indios, y éstos de oro y de ellos de plata, con mucha pedrería azules; y estaban allí unos braseros con incienso, que es su copal, y con tres corazones de indios que aquel día habían sacrificado y se quemaban, y con el humo y copal le habían hecho aquel sacrificio. Y estaban todas las paredes de aquel adoratorio tan bañado y negro de costras de sangre, y asimismo el suelo, que todo hedía muy malamente.El indio bautizado como Andrés de Tapia alegó que la estatua de Huitzilopochtli estaba hecha de semillas enharinadas con sangre de niños en una pasta endurecida; fray Durán, en cambio, dijo que era de madera. Lo cierto es que los sacerdotes dedicados a su culto se autolesionaban la lengua, los brazos y los muslos mojando pajas con su sangre como ofrenda. Incluso el mexica común se autolesionaba mucho más de lo que solía hacerlo mi prima Sabina: ofrecía sangrías con puntas de maguey perforándose los labios, las orejas y la lengua. Los hombres se punzaban el pene y las ensangrentadas puntas eran colocadas en un adoratorio. Los mexicas comunes “ornamentaban sus puertas con espadañas con sangre de sus orejas”. Los sacerdotes, llamados papas por Díaz, tenían los lóbulos de las orejas completamente destrozadas por estas sangrías. Además de arrancarle el corazón a un cautivo en el día 4-Terremoto, ese día el mexica común hacía estas penitencias de punciones.
Y tienen otra cosa horrible y abominable y digna de ser punida que hasta hoy no habíamos visto en ninguna parte, y es que todas las veces que alguna cosa quieren pedir a sus ídolos para que más acepten su petición, toman muchas niñas y niños y aun hombres y mujeres de mayor edad, y en presencia de aquellos ídolos los abren vivos por los pechos y les sacan el corazón y las entrañas, y queman las dichas entrañas y corazones delante de los ídolos, y ofreciéndolos en sacrificio aquel humo. Esto habemos visto algunos de nosotros, y los que lo han visto dicen que es la más cruda y espantosa cosa de ver que jamás han visto.En otra ocasión Cortés refirió que sus soldados habían capturado a un indio que había estado asando el cadáver de un bebé para comérselo. Fernando de Alva Cortés Ixtlilxochitl, un mestizo que escribió el códice que lleva su nombre, dice que uno de cada cinco niños era sacrificado al año. La cifra parece exagerada: se desconoce a ciencia cierta cuántos niños se sacrificaban en Mesoamérica. Los estudiosos contemporáneos más reservados dicen que en el mundo mexica al menos docenas de niños se sacrificaban cada año.
En este mes mataban muchos niños; sacrificábanlos en muchos lugares y en las cumbres de los montes, sacándoles los corazones a la honra de los dioses del agua, para que les diesen agua o lluvias.Sobre lo que los mexicas hacían en el segundo mes del calendario, hablaré en el siguiente capítulo. En el tercer mes, prosigue la relación de Sahagún: “En esta fiesta mataban muchos niños en los montes; ofrecíanlos en sacrificio a este dios”. Luego hace un comentario general sobre los primeros meses del año:
Según relación de algunos [indios], los niños que mataban juntábanlos en el primer mes, comprándolos a sus madres, e íbanlos matando en todas las fiestas siguientes hasta que las aguas comenzaban de veras; y así mataban algunos en el primer mes, llamado quauitleoa [del 2 de febrero al 21 de febrero]; y otros en el segundo, llamado tlacaxipehualiztli [del 22 de febrero al 13 de marzo]; y otros en el tercero llamado tozoztontli [del 14 de marzo al 2 de abril]; y otros en el cuarto, llamado uey tozoztli [del 3 de abril al 22 de abril], de manera que hasta que comenzaban las aguas abundosamente, en todas las fiestas crucificaban [sacrificaban] niños.Quienes vivimos en la región que otrora fue Tenochtitlan sabemos que la primavera aquí es seca, lo que significa que mis antepasados sentían un irrefrenable impulso de matar a los pequeños. Es inverosímil que quienes tenían el genio de construir en el centro de la plaza un templo a Quetzalcóatl en que se veía la salida del sol entre los dos altares del Templo Mayor, a la vez no pudieran prever las temporadas de lluvias que mis más incultos conciudadanos conocen a la perfección. Parece elemental que algo más que solicitar las lluvias preñaba la psique de los descendientes de los tenochcas. En el segundo libro de Historia general de las cosas de Nueva España Sahagún comenta sobre el primer mes: “Para esta fiesta buscaban muchos niños de teta, comprándolos a sus madres”. Y añade: “A estos niños llevaban a matar a los montes altos, donde ellos tenían hecho voto de ofrecer; a unos de ellos sacaban los corazones en aquellos montes, y a otros en ciertos lugares de la laguna de México”. En discusiones conmigo mi padre ha hablado mucho de la “raza profunda”: los antiguos mexicanos. Me pregunto qué tan “profundo” es que los pueblos bajo control Mexica ofrecían, a modo de tributo, a sus pequeños para el sacrificio. Sobre Pantitlán, Sahagún escribe:
Gran cantidad de niños mataban cada año en estos lugares y después de muertos los cocían y comían.Cuando leí ese pasaje no pude sino pensar en la estación del metro de la Ciudad de México llamada Pantitlán. Ignoraba que era el lugar más hondo de la laguna. (En tiempos de la ciudad lacustre, la colonia donde escribo este libro también estaba bajo el agua.) En ese mismo segundo tomo de su enciclopédica obra de doce libros sobre los usos y costumbres de los antiguos mexicanos, Sahagún nos proporciona más detalles:
Los lugares donde mataban niños son los siguientes: el primero se llamaba Quauhtépetl, es una sierra eminente que está cerca de Tlatelolco. Al segundo monte sobre que mataban niños llamaban Ioaltécatl. El tercer monte sobre que mataban niños llamaban Tepetzinco; es aquel montecillo que está dentro de la laguna frontero del Tlatelolco; allí mataban una niña. El cuarto monte sobre que mataban niños llamaban Poyauhtla. El quinto lugar en que mataban niños era el remolino o sumidero de la laguna de México, al cual llamaban Pantitlán. El sexto lugar o monte sobre que mataban niños llamaban Cócotl. El séptimo lugar donde que mataban niños era un monte que llamaban Yiauhqueme.Estos tristes niños antes que los llevasen a matar aderezábanlos con piedras preciosas, con plumas ricas y con mantas y llevándolos en las andas íbanles tañendo con flautas y trompetas que ellos usaban. Allí los tenían toda la noche velando y cantábanles cantares los sacerdotes de los ídolos, porque no durmiesen. Y cuando llevaban los niños a los lugares donde los habían de matar, si iban llorando y echaban muchas lágrimas, alegrábanse los que los veían llorar porque decían que era señal que llovería muy presto.
No creo que haya corazón tan duro que oyendo una crueldad tan inhumana, y más que bestial y endiablada, como la que arriba queda puesta, no se enternezca y mueva a lágrimas y horror y espanto; y ciertamente es cosa lamentable y horrible de ver que nuestra humana naturaleza haya venido a tanta bajeza y oprobio que los padres maten y coman a sus hijos, sin pensar que en ello hacían ofensa ninguna.Mel Gibson yerra al citar al historiador Will Durant al inicio de su filme. El sacrificio humano en Mesoamérica no era una aberración política como en su película: era un extendido fenómeno social. Gibson falseó la historia al poner como pacífica a una comunidad de cazadores-recolectores en contraste con la decadente metrópoli. La realidad parece ser que tanto los americanos que poblaban las pequeñas aldeas, y especialmente los nativos desnudos que fueron exterminados en las islas del Caribe, estaban aún más disociados que los residentes de la refinada ciudad doble Tenochtitlan-Tlatelolco. La variedad de indios que no vivía en las grandes ciudades oscilaba del caribeño antropófago al otomí de las cavernas; del fiero guaraní al canibalesco chiriguano. A diferencia de los aldeanos de Apocalypto, los tarahumaras, los temidos tobosos chichimecas, los xiximes y guarijíos practicaban la “danza de la cabeza”, en que mantenían enclaustrada a una virgen a quien le llevaban una cabeza decapitada para que le “hablara”, lo cual la mujer tenía que hacer con oscilantes sentimientos de amor y odio. A diferencia de la bucólica aldea en medio de la selva maya que nos pinta Gibson, esto es lo que hacían los aldeanos prehispánicos en la historia real.
Nota: El libro completo puede leerse en mi página web, aquí.

Y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha y por nivel cómo iba a México, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas del encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cúes [templos] y edificios, que tenían dentro en el agua, y todos de calicanto, y aún algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños.Cuando el sombrío Lutero martilleó sus tesis en los portones de Wittenberg, ningún hombre de raza blanca sabía de la existencia de un continente entero y del poder más extenso que conociera Mesoamérica: un imperio que tocaba ambos océanos y en cuya ciudad inundaba la luz. Y aún en nuestra época se desconoce la enorme plaza que asombró a Bernal Díaz porque sus camaradas la arrasaron en su totalidad. Si bien después de la conquista Rodrigo de Castañeda acusó a Hernán Cortés de desear preservar los tempos y sus efigies, México-Tenochtitlan fue objeto de un vandalismo sistemático. Ni un solo edificio quedó en pié en lo que ahora es la Ciudad de México, que recuerda lo que los romanos hicieron en la tercera guerra púnica: no dejaron piedra sobre piedra de Cartago y construyeron una ciudad romana sobre sus ruinas. No conformes con eso, después de la devastación física de los soldados, Zumárraga quemó las bibliotecas mexicas. Como dice un poema azteca:
Hemos de dejar los bellos cantos,Sin embargo, bajo las edificaciones novohispanas algunos cimientos desenterrados permiten reconstruir a los arquitectos modernos cómo era la antigua ciudad india; además de que sobrevivieron las descripciones del capitán de los conquistadores, quien nos informa que las calles de Tenochtitlan:
Hemos de dejar las bellas flores.
son muy anchas y muy derechas, algunas de estas y todas las demás son la mitad de tierra y por la otra mitad es agua, por la cual andan en sus canoas, y todas las calles, de trecho a trecho, están abiertas, por donde atraviesa el agua de las unas a las otras, y en todas estas aberturas, que algunas son muy anchas, hay sus puentes, de muy anchas y muy grandes vigas juntas y recias y bien labradas, y tales que por muchas de ellas pueden pasar diez a caballo juntos a la par.El mismo Cortés le escribió a Carlos V que la ciudad era “la más hermosa cosa del mundo”. Mucho más grande que Sevilla, la ciudad española más grande en ese tiempo, tres calzadas convergían al centro de la ciudad lacustre, uniendo la isla con la costa. “Es cosa admirable el ver cuánta razón ponen en todas las cosas”, le escribió Cortés al rey. En las calles de una ciudad que resplandecía como una joya de piedra y agua y cielo los habitantes solían salir “a pasear unos por agua en estas barcas y otros por tierra, y van en conversación”.
¿Nada de mi nombre será algún día?
¿Nada mi fama será en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!
Nota: El libro completo puede leerse en mi página web, aquí.
He sido atacado ferozmente vía mails por los últimos vídeos que subí. Quienes me atacan no se han molestado en refutar la veracidad de los datos que menciono, o la sustancia de mis argumentos.Lo que omití decir es que no debí haber escrito la frase en plural, sino en singular. Quien me atacaba era una sola mujer canaria. Si usé el plural fue porque, por razones prácticas, cuando escribí eso no deseaba provocarla, como veremos en otro de mis blogs, donde puede leerse la serie completa de 14 entradas, "Una canaria apañada" (pulsar: aquí).
Vamos a hablar de una Europa... que se van a asustar. Pero bueno: es una Europa dormida, muy avejentada (además, sobre eso hay datos); una Europa dependiente; una Europa relativista; una Europa que se calla ante la invasión [de migrantes]; es decir, un desastre.El reporte del GEES sobre el suicidio de Europa que el moderador menciona puede leerse acá. El moderador también comenta:
Quizá España sea uno de los paradigmas... Pero les puedo decir más que esto. Si por ejemplo yo les digo que para finales de siglo Europa va a ser musulmana, ustedes dirán: "Está exagerando. Eso es imposible". Bueno: le preguntaré a nuestros contertulios porque la tendencia podría llegar a ser esa. O que Europa se muere—pero literalmente, demográficamente; que la tasa de reemplazo ya no existe. Es decir: que Europa se muere de verdad... Y España, quizá, sería el paradigma... Y el relativismo parece que se ha instalado como lo más cómodo para los europeos.Ahora veamos el estilo diametralmente opuesto a la discusión calmada: el Lenguaje del Fuego. En este otro lanzo una jeremiada: dar clic aquí.
Posteados misceláneos en español. Los temas más importantes aparecen en mi único blog en inglés, donde hablo de la masiva inmigración de pueblos no blancos hacia las naciones blancas, instigada por no-gentiles y occidentales traidores: “la solución final” al “problema ario”.