domingo, 21 de diciembre de 2008

El Príncipe y el Dragón de Ocho Cabezas


(Wanpaku Ôji no Orochi Taiji, titulado The Little Prince and the Eight-Headed Dragon en algunos países de habla inglesa)

Como lo cuento en el tercer libro de mi serie, hace ya más de cuatro décadas me obsesioné tanto con la película de dibujos animados El Príncipe y el Dragón de Ocho Cabezas —que vi con mi madre y hermanitas Corina y Genoveva a mis ocho años— que por meses dibujé, al pastel, la historia entera en hojas blancas tamaño carta.

Fue mi primera obra en la vida, ¡y lamentablemente se ha perdido para la posteridad! Mi madre me dijo algo que no recuerdo: que en mi adolescencia la había tirado yo mismo a la basura y que ella la rescató varias veces. Luego me contó que se la dio al doctor Giuseppe Amara, el siniestro siquiatra que, cuando sucedió una tragedia en casa, la familia usó para destruirme (tema del segundo libro de mi serie, Cómo asesinar el alma de tu hijo).

Poco antes de iniciar mi sitio web a finales de 2004, donde publico las secciones de Cómo asesinar que no aparecerán en la versión impresa, le dije a una secretaria que hablara con Amara para ver si era posible rescatar mi tesoro. Sabía que una vez publicada mi acusación sobre los crímenes de Amara sería imposible volver a contactarlo. El siquiatra le dijo a la secretaria que le pediría a sus hijas que lo buscaran. Al no tener más noticia de él después de un tiempo, hablé directamente a su casa. Su esposa me dijo que los pacientes de su marido le entregaban tantas cosas que éste se deshacía de todo ello como a los tres meses de recibirlas.

Viendo estos sucesos en retrospectiva no deja de alarmarme la inconcebible estupidez de quien le entregó mi tesoro al monstruoso analista. No sólo había sido torturado en casa siendo un menor de edad (como cuento en el libro que pienso publicar), sino que le dieron al mismo sujeto que escaló la tortura en su consulta una obra única de valor incalculable para mí; sujeto que, al parecer, se deshizo de ella.

Pero aquí quisiera limitarme a hablar sobre la película que vi cuando la estrenaron en la Ciudad de México, quizá a inicios de 1967. Si me animo hoy a escribir fue porque me percaté de que por un tiempo alguien había subido a YouTube la película completa —¡y la vi después de tantos años! Aunque estos días la estuve viendo una y otra vez en un idioma que no entiendo, el japonés, la experiencia fue importante para mí.


En el cine, El Príncipe y el Dragón de Ocho Cabezas fue mi primer amor. ¿Qué niño de ocho años se pasa meses dibujando docenas de páginas a color a manera de cómic hasta terminar, a sus nueve años, de contar tan fantástica trama?

Muchas, muchas cosas podría decir sobre lo que representó esa experiencia, pero no lo haré. Me he percatado que hay cosas que deben decirse audiovisualmente, para captar el lenguaje corporal y facial de quien quiere comunicar algo. Mi experiencia con El Príncipe y el Dragón de Ocho Cabezas es tan privada, tan subjetiva, que de contarla textualmente sería una suerte de monólogo con significante sólo para mí, aunque a mi hermanita Genoveva también le fascinó el filme, y ya adulta me dijo que había sido "una película maravillosa".

Es una película tan rara que he visto en foros de internet que hay angloparlantes que la quieren conseguir y no saben cómo hacerlo. En la historia de los dibujos animados creo que El Príncipe y el Dragón de Ocho Cabezas debe tomarse en cuenta. Estrenada en 1963, de las películas de animación japonesas sólo la muy posterior El Viaje de Chichiro, estrenada ya en el nuevo siglo, puede comparársele (aunque obviamente significa más la otra para mí).

Pero sin poder verla en el idioma de uno —mis hermanitas y yo la habíamos escuchado doblada al español—; sin pantalla grande, y sin la mente de un niño que apenas está descubriendo el séptimo arte a inicios de los años sesenta, me es imposible transmitir la experiencia, incluso para mí mismo, que esa película representó. De hecho, al volver a verla en YouTube (parece que ya la retiraron), y ya con una desarrollada sensibilidad estética, sentí una decepción. Sí: una decepción a pesar de la magnífica música del soundtrack de Akira Ifukube.

Aunque la experiencia interna que tuvimos los tres hermanitos al ver la película es, quizá, irrecuperable, una de las cosas que me mueven a escribir sobre el tema, independientemente de mi sorpresivo hallazgo en YouTube, es el mítico relato original del antiguo Japón en el que la película se basa.

En el filme la batalla de Susano (Susano’o en japonés: el hermano de Amaterasu, la diosa del sol) con el dragón es bastante larga; y los aspectos negativos del héroe, minimizados. En la leyenda original la familia de la niña de Izumo, una vieja provincia japonesa, le dice a Susano que, previamente, las otras siete hijas de la familia habían sido sacrificadas a la temible serpiente de ocho cabezas. Susano impide el último, el octavo sacrificio, emborrachando y matando a la serpiente para salvar a la niña.

Ese mito original me impresionó. Pero es imposible entenderme sin tener conocimiento de la Psicohistoria. Supondré por un momento que mi lector está familiarizado con la plataforma de la que parte Lloyd deMause: una cantidad inconcebible de infantes y niños fueron sacrificados por sus padres a lo largo de la prehistoria e historia.

Partiendo de la psicoclase que deMause llama "Forma primitiva de infanticidio", que nos mantuvo tecnológicamente estancados por cientos de miles de años sin pasar del bifaz, el salto al siguiente nivel psicogénico fue crucial para salir de un estúpido trogloditismo y ser capaces de desarrollar la agricultura. En mi cuarto libro de una serie que aún no publico hablo mucho de esto. No entraré en detalle aquí salvo señalar que el expósito de bebés niñas a una muerte segura ha sido tan frecuente en Asia que aún se practica en las zonas rurales de China y la India. Si mi interpretación es correcta, el mito de Susano salvando a tan bella niña de ser sacrificada es equivalente al mito griego del Minotauro: mito que también refleja que, en un momento histórico dado, surgió una conciencia emergente de mayor respeto hacia la vida en el mundo helénico, cayendo en desuso el sacrificio de chicos.

Reitero que, sin haber leído sobre Psicohistoria, no es posible captar la enorme trascendencia de esto. Jamás me imaginé de niño, adolescente —y aún de adulto antes de leer a deMause— que mi otrora queridísima película, que con tanto trabajo dibujé entera de niño, podría reflejar raíces y simbolismo tan oscuro del Japón feudal. O más bien luminosos: pues tanto la historia del Minotauro, como la del Abraham bíblico rehusando sacrificar a su hijo, y la de una familia nipona que por fin se resiste a sacrificar más hijas, fueron parteaguas para el surgimiento de la civilización.

Algo similar podría decir de la literatura clásica occidental llevada en dibujos animados a la pantalla grande, como La bella durmiente o Pinocho. Pero eso es tema para otro día...

5 comentarios:

SCH dijo...

Concuerdo contigo, en realidad El principe y el dragón de 8 cabezas, es un clásico, un verdadero tesoro. hace tiempo estoy buscandola para mostrarsela algun día a mi hija que vendrá.

Bien, por como piensas
Saludos
Sara
Chile
Cortsara@gmail.com

Rosario dijo...

Hola César
yo soy Rosario desde Sicilia (an hombre de Italia, tiengo 42 anos) y he hecho un mux de una famosa pelicula animada japonese que tu desea ver:

EL PEQUENO PRINCIPE Y EL DRAGON DE OCHO CABEZAS (Toei 1963)

http://www.megaupload.com/?d=UIZXEASB

dvd rip mux con audio espanol y japonese + 2 trailers (817 mb)

Les pido que por favor si usted tiene alguna información sobre el
doblaje en español de la película .... se rodó en México ? Cuándo ?
Cómo se llaman los actores de voz del doblaje ? Usted sabe que un sitio web con información sobre el doblaje mexicano de las películas ? Tienes una imagen del cartel de la película en español ?
Quando llegó la película en tu país y en los países de América del Sur ?

Espero tu amable respuesta, muchas gracias.

Rosario
r.scollo at tiscali.it

Chechar dijo...

Hola Rosario,

Tendría que hacer una investigación en la Cineteca Nacional para contestar tus preguntas. Yo también quisiera ver otra vez la película original con el doblaje que se hizo en México. Sugeriría que te contactaras con alguien de la Cineteca que tenga acceso a la biblioteca.

Rafael Carrion dijo...

Hola fanaticos del buen cine. Esta pelicula tambien la vi cuando pequeño, y jamas me habia encontrado con alguien que la hubiera visto tambien. Algunas veces pense que solamente la soñe. Pero ahora gracias al internet, y a un recuerdo muy profundo, me puse a buscarla, y oh sorpresa la encontré. Espero que la disfruten.

http://www.youtube.com/watch?v=uVotheDFaJw

Rafael Carrion

Anónimo dijo...

De hecho Abraham no se niega a sacrificar a su hijo. Lo que pasa es que Dios al ver la enorme fe y obediencia de Abraham, le perdona la vida a Isaac. Pero Abraham nunca se negó a sacrificar a su hijo. De hecho él confió en Dios y sabia que Dios no es un ser malo, y or ende, no le iba a quitar lo que él mas amaba (después de Dios). Si lees la biblia, Abraham le dice al criado con el que iba, parafraseando, "Quedate aquí (en la entrada de la montaña, si se puede decir así) que nosotros (Abraham y el hijo) iremos, Adoraremos a Dios y VOLVEREMOS". Lo que me muestra que Abraham estaba seguro de que Dios no permitiría el sacrificio de Isaac. Sin embargo, Abraham amaba tanto a Dios que estaba dispuesto a sacrificar a su hijo. Pero, reitero, Abraham nunca se niega a sacrificar a su hijo. También hay otro ejemplo bíblico del que no me acuerdo muy bien, pero trataré de transcribirlo lo mejor que pueda. Se trata de tres hombres, que por su amor a Dios fueron condenados a ser quemados vivos en un horno. Ellos dijeron algo así "Nosotros confiamos en que Dios nos va a salvar, pero aunque no lo hiciese, seguiríamos amándolo". En los dos casos se probó la fe y la obediencia, pero también la confianza en un Dios todopoderoso.